Tus Palabras Alejan O Aproximan A Las Personas

Escrito por Miércoles, Abril 20, 2011

Hace unos días recibía un mensaje con una bonita historia y una estupenda moraleja, que me apetece compartir contigo, sobre cómo la forma y lo que decimos puede influir en acercar o alejar a las personas, incluso crear tanta hostilidad como para generar un gran conflicto.

Antes de mostrarte el relato, me gustaría comentarte que las palabras, el modo en las que las expresas, incluso tu actitud, puede herir, ofender o alejar a las personas, aunque también puede causar el efecto contrario y mucho más positivo: transmitir energía, empuje, motivar, animar, alegrar un día e incluso ayudar a que alguien supere cualquier dificultad.

Algo que deberíamos interiorizar es que antes de decir algo, valoremos el efecto que va a causar, y como siempre me suelo decir a mi misma: “si no tienes nada bonito que opinar de una persona o decir, mejor cállate y guarda tu pensamiento”. Las palabras no desaparecen, quedan guardadas en el corazón de la persona a la que te diriges.

Usa el gran poder que tienen las palabras para acercar y aproximar a las personas, y no para ganarte enemigos o generar tensión.

A continuación te dejo con el mensaje que te comentaba. Léelo atentamente, seguro que tú sacas tus propias conclusiones…

El poder de la palabra

Cuenta la historia que en cierta ocasión, un sabio maestro se dirigía a un atento auditorio dando valiosas lecciones sobre el poder sagrado de la palabra y el influjo que ella ejerce en nuestra vida y la de los demás.

De repente fue interrumpido por un hombre que le dijo airado:

– ¡No engañe a la gente! El poder está en las ideas, no en la palabra. Todos sabemos que las palabras se las lleva el viento. ¡Lo que usted dice no tiene ningún valor! –

El maestro lo escucha con mucha atención y tan pronto termina, le grita con fuerza:

– ¡Cállate, estúpido; siéntate, idiota!  –

Ante el asombro de la gente, el aludido se llena de furia, suelta varias imprecaciones y, cuando estaba fuera de sí, el maestro alza la voz y le dijo:

– Perdone caballero, lo he ofendido y le pido perdón. Acepte, por favor, mis sinceras excusas y sepa que respeto su opinión, aunque estemos en desacuerdo.

El señor se calma y le dijo al maestro:

– Lo entiendo… y también yo le presento mis excusas por mi conducta. No hay ningún problema, y acepto que la diferencia de opiniones no debe servir para pelear sino para mirar otras opciones. –

El maestro le sonrió y le dijo:

– “Perdone usted que haya sido de esta manera, pero así hemos visto del modo más claro, el gran poder de las palabras. Con unas pocas palabras lo exalté y con otras le he calmado” –

Reflexión…

Las palabras no se las lleva el viento. Las palabras dejan huella, tienen poder e influyen positiva o negativamente.

Las palabras curan o hieren, animan o desmotivan, reconcilian o enfrentan, iluminan o ensombrecen, dan vida o dan muerte.

Con pocas palabras podemos alegrar a alguien y con pocas palabras podemos llevar a las personas al desaliento, enojo o desesperación.

¡Cuánta falta nos hacer tomar conciencia del tremendo poder las palabras! Ellas moldean nuestra vida y la de los demás. Por eso mismo, los griegos decían que la palabra era divina y los filósofos elogiaban el silencio.

Piensa en esto y cuida tus pensamientos porque ellos se convierten en palabras y cuida tus palabras porque ellas marcan tu destino.

Eres sabio si sabes cuándo hablar y cuándo callar.  Piensa muy bien antes de hablar, cálmate cuanto estés airado y resentido, y habla sólo cuando estás en paz y que el viento nunca se las lleve. Las palabras encierran una energía creadora transformante.

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