Constancia y pasión, todo llega en su momento

Escrito por lunes, noviembre 6, 2017

La constancia y la pasión serán habilidades, emociones o virtudes, llámalo como quieras, que habrás de practicar para lograr todo aquello que te propongas. Sigue leyendo, hay una bonita historia esperándote.

“La constancia es la virtud que nos conduce a llevar a cabo lo necesario para alcanzar las metas que nos hemos propuesto, pese a dificultades o a la disminución de la motivación personal por el tiempo transcurrido”, según Wikipedia. Y la pasión, nos dará la fuerza y entusiasmo para ir a por aquello que deseamos.

Pero hay veces que no queremos pagar el precio del cambio y la transformación que nos llevará a lograr aquello que deseamos. Da lo mismo que sea en nuestra vida privada o en la profesional, tenemos tantas ganas de tener buenos resultados, o que estos lleguen muy deprisa, que se nos olvida que todo tiene su proceso de creación, gestación, crecimiento y maduración. Y ahí la constancia y la pasión serán nuestras mejores armas.

Cualquier objetivo o meta nos va a obligar a hacer cosas diferentes, salir de nuestra caja, de ese entorno supuestamente protegido donde nos sentimos cómodos. Y también a luchar, a sentir dolor y sufrimiento, aunque todo no será negativo. También experimentaremos alegría, felicidad, satisfacción por los retos cumplidos. 

Vivimos la cultura del éxito rápido, de buscar los resultados de inmediato, de lograr enseguida lo que queremos, somos impacientes y se nos olvida que todo proceso de transformación y creación lleva su tiempo, y que hay que disfrutar del camino. 

Te invito a leas esta bonita historia del alfarero y la taza y después saques tus propias conclusiones. No sé su autor, si tú lo sabes déjamelo en los comentarios, pero me pareció que refleja muy bien que con constancia y pasión por lo que haces, todo llega en el mejor momento…

Se cuenta que en Inglaterra había una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Al entrar en una de ellas se quedaron prendados de una hermosa tacita.

– ¿Me permite ver esa taza? – preguntó la señora, – ¡nunca he visto nada tan fino! -.

En las manos de la señora, la taza comenzó a contar su historia:

– Usted debe saber que yo no siempre he sido la taza que usted está sosteniendo. Hace mucho tiempo era solo un poco de barro. Pero un artesano me tomó entre sus manos y me fue dando forma.

Llegó el momento en que me desesperé y le grité: ¡Por favor, ya déjeme en paz! Pero él sólo me sonrió y me dijo: Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.

Después me puso en un horno. ¡Nunca había sentido tanto calor! Toqué a la puerta del horno y a través de la ventanilla pude leer sus labios que me decían: Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.

Cuando al fin abrió la puerta, mi artesano me puso en un estante. Pero, apenas me había refrescado, me comenzó a raspar, a lijar. No se cómo no acabó conmigo. Me daba vueltas, me miraba de arriba a abajo.

Por último me aplicó meticulosamente varias pinturas. Sentía que me ahogaba. Por favor déjame en paz, le gritaba a mi artesano; pero él solo me decía: aguanta un poco más, todavía no es tiempo.

Al fin, cuando pensé que había terminado aquello, me metió en otro horno, mucho más caliente que el primero. Ahora si pensé que terminaba con mi vida. Le rogué y le imploré a mi artesano que me respetara, que me sacara, que si se había vuelto loco. Grité, lloré; pero mi artesano sólo me decía: Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.

Me pregunté entonces si había esperanza. Si lograría sobrevivir a aquellos tratos y abandonos. Pero por alguna razón aguanté todo aquello.

Fue entonces que se abrió la puerta y mi artesano me tomó cariñosamente y me llevó a un lugar muy diferente. Era precioso. Allí todas las tazas eran maravillosas, verdaderas obras de arte, resplandecían como solo ocurre en los sueños.

No pasó mucho tiempo cuando descubrí que estaba en una fina tienda y ante mi había un espejo. Una de esas maravillas era yo. ¡No podía creerlo! ¡Esa no podía ser yo!

Mi artesano entonces me dijo:

Yo sé que sufriste al ser moldeada por mis manos, mira tu hermosa figura. Sé que pasaste terribles calores, pero ahora observa tu sólida consistencia. Sé que sufriste con las raspadas y pulidas, pero mira ahora la finura de tu presencia. Y la pintura te provocaba nauseas, pero contempla ahora tu hermosura. Y, ¿si te hubiera dejado cómo estabas?

¡Ahora eres una obra terminada! ¡Lo que imaginé cuando te comencé a formar!

Tú eres el constructor de tus sueños, de tu vida, y aunque es probable que te encuentres dificultades y experiencias dolorosas en el camino, si eres constante y le pones pasión a todo lo que haces, al final, lo lograrás. ¡Mucho éxito!

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